Hambre y alimentación vegetal

¿El Hambre, reto de los otros?

En el mundo una de cada siete personas se estima que padece hambre, la gran mayoría en países asiáticos. En Colombia estimaciones de 2007 para el 2015, colocan la cifra en el orden de 1 de cada 12 en situación de subnutrición, con cerca del 40% de la población con inseguridad alimentaria, en especial en zonas rurales donde el 58% la sufría. (1) A quienes están en esta situación extrema en relación con este indicador de pobreza, se suman cientos de miles que se ubica en el nivel de la subalimentación. Estas cifras nos deberían hacer pensar en nuestras metas sociales respecto al derecho básico del acceso a comida suficiente y de calidad.

El hambre es un asunto de otros, no algo que nos concierne como parte de nuestros valores mínimos. Así asumimos en la práctica el tema del hambre la gran mayoría de quienes tenemos asegurado el acceso a una alimentación suficiente. Las agrupaciones religiosas, el Gobierno y las organizaciones filantrópicas, son para nosotros las entidades llamadas a atender ese sufrimiento que padecen esos otros, tanto física como emocionalmente. En el mejor de los casos, las limosnas, los impuestos y las donaciones son el vehículo a través del cual resolvemos esa realidad ajena.

​​Nuestras preocupaciones sobre la alimentación se orientan más a nuestros intereses personales relacionados con su costo, la amplia diversidad de artículos alimenticios, nuestra salud en general, nuestra apariencia física en particular o las opciones que brindan los restaurantes.

Ante esta indiferencia o este limitado compromiso, nos podemos retar a actuar como país, con una mayor determinación para así cumplir una meta social, que desde hace décadas podríamos haber conseguido: que cada colombiano tenga una alimentación satisfactoria. Es importante en este sentido, entender que cuentan mucho nuestros hábitos alimenticios porque las tendencias nutricionales que adoptamos como país, abren o limitan posibles soluciones al hambre.

Mejor producción y distribución

La calidad de la alimentación de todos pasa por entender que se requieren cambios importantes en los sistemas de provisión de alimentos de los colombianos. Quienes tenemos acceso a una buena alimentación, compartimos situaciones con quienes afrontan marcadas restricciones para su alimentación. Las pérdidas de alimentos durante los procesos de producción y distribución, los mayores costos efecto de las distorsiones en tales procesos, y los efectos negativos de la creciente industrialización de la alimentación, son algunos puntos cuya adecuada solución beneficaría a las personas sometidas a situaciones de hambre crónica o aguda. Claro se requieren acciones específicas para los que padecen hambre, pero una mejor organización de aspectos como los mencionados generaría un entorno más favorable a dichas acciones. Algunas de éstas estan vinculadas a un mejor entendimiento de lo que puede ser una dieta balanceada, con más peso de la base vegetal en contraste con la tendencia a sobrevalorar fuentes de proteína como las carnes y sus derivados.

Con esta perspectiva, nos podemos plantear interrogantes y respuestas respecto a aspectos como la manera en que producimos los alimentos, las formas de abastecernos con autónomía o dependencia de otros países, la efectividad de los canales de distribución y el tipo de dieta con la cual buscamos atender los requetimientos nutricionales de todos los colombianos, pero en especial de las poblaciones que padecen hambre. El tratamiento de estos temas nos brinda a cada uno alternativas de participación para contribuir en forma más amplia a la erradicación del hambre en el país.

En Colombia tenemos muchos retos sociales, eso es evidente, y contamos con recursos limitados para afrontarlos. Eso nos exige ser más recursivos a la hora de conectar las soluciones frente a la variedad de problemas, y tratar de atender diversas metas asociadas a tales retos. Es indispensable saber integrar respuestas simultáneas a temas tan variados como la desnutrición y el hambre, la pobreza en general, el abastecimiento de alimentos como país, el estado de los territorios donde tenemos las opciones de producción, la educación básica que permita una formación fundamental en nuestros hábitos alimenticios, y el cumplimiento de metas que aseguren una aproximación amplia a la salud de todos. Una alimentación basada en vegetales representa un referente social que exige precisamente la combinación de consideraciones en salud, educación, ambiente, economía y en los niveles institucional y jurídico. En próximos escritos profundizaré sobre el tema del hambre con esta perspectiva y con estos alcances.

(1) Conpes 113 de 2007 Plan Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional).


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