Alimentarse, un derecho


Hace unas semanas pasó por Bogotá Harsh Mander, experto de la India en derecho a a la alimentación. Este líder vino a compartir la valiosa y difícil experiencia que les permitió conseguir de la Corte Suprema de la India, el reconocimiento a nivel constitucional del derecho a la alimentación. Este logro fue complementado luego con una ley mediante la cual el país busca el acceso a una alimentación básica. El invitado dio charlas, habló con organizaciones de derechos humanos y organizaciones campesinas, con funcionarios públicos, y con algunas cuantas personas más, actividades que se complementaron con un artículo de El Espectador sobre estos logros. No muchos colombianos conocimos esa experiencia, a pesar de ser decisiones de la denominada democracia más grande del mundo, en donde estas dos acciones significaron un cambio positivo para cientos de millones de personas, si bien todavía están lejos de lo que puede ser un reconocimiento pleno de este derecho. Comparado con tantas noticias frívolas a las que se les da gran despliegue, la venida de este visitante ilustre pasó bastante desapercibida. Muy lamentable por ser una valiosa iniciativa de la fundación Dejusticia con la que ellos y otros buscan que en Colombia avancemos más allá de lo que en el artículo 44 de nuestra Constitución Política se reconoce como uno de los derechos de los niños, el derecho a la “alimentación equilibrada”, abarcando a toda la población vulnerable del país.

En un escrito reciente en la revista Dinero sobre las Metas para 2030 de las Naciones Unidas, se alude a la existencia en el país de miles de niños malnutridos, uno de cada ocho de los menores de cinco años (12%) se encuentran en ese estado de nutrición. A algo más de medio millón de niños, y a sus parientes mayores en situación también de alimentación precaria, seguramente cientos de miles, ese derecho no se les está reconociendo. A menudo, escuchamos sobre los niños, mucho menos acerca de los mayores de 60 años que por nuestro frágil sistema de seguridad social acceden en forma limitada a una alimentación básica. De hecho, en Bogotá hace unos años, escritos en la prensa describieron la situación que viven los jubilados en el barrio Teusaquillo, un barrio de ingresos medios, en condiciones económicas que los llevan a afrontar situaciones de hambre; quizás no tan aguda como la de otros, pero también con una incertidumbre propia de no tener un horizonte de alimentación adecuada.

En la Constitución de Colombia tenemos enunciados diversos derechos, con inmensos retos para atenderlos en forma satisfactoria. ¿De qué serviría ampliar el de la alimentación, tal vez igualmente simbólico en importante medida? Doy tres razones básicas:

  • En las fases con vulnerabilidad y dependencia en nuestras vidas, primera infancia, adolescencia temprana y vejez, el acceso a la comida se nos debe asegurar como mínimo para permitir la realización plena de nuestros potenciales o, en esa última etapa de la vida, por la retribución de una sociedad que reconoce nuestros aportes a lo largo de nuestras vidas. El inicio y el final de la vida son en principio los períodos en que vivimos o podemos vivir la vulnerabilidad inherente a no tener condiciones laborales que nos permitan asumir esfuerzos con los cuales asegurar la provisión de alimentos por nuestros propios medios. Por lo general dependemos de otros en esas edades, en especial en las primeras, y a la edad de adultos mayores es evidente en Colombia que los actuales bajos niveles de cobertura pensional no aseguran el acceso estable de un alto porcentaje de personas a una nutrición de buena calidad.

  • El reconocimiento efectivo del derecho a la alimentación es condición básica para poder responder a las exigencias del derecho a la salud y a la educación, consagrados en nuestra Constitución Política. Cuando la alimentación responde a buenos estándares de calidad y cantidad en los primeros 10 años de nuestra vida, se fundamenta la salud como debe ser y se brinda así mayores oportunidades para que las personas no padezcan deficiencias físicas o mentales producto de carencias en este campo. Los costos en salud seguramente se reducen, al disminuir los riesgos derivados de una alimentación crónica deficiente. Nuestra capacidad de hacer aportes con nuestras destrezas laborales se cimenta mejor y eso nos abre posibilidades para tener reservas necesarias para la edad adulta, en forma que nos podamos valer por nosotros mismos, reduciendo o eliminando estados de dependencia en un campo tan básico como es el de la alimentación. Con mejor salud se puede estar en mejores condiciones de atender las exigencias de la educación o sea de poder responder al reconocimiento a este derecho.

  • La solución de los retos que nos plantean los indicadores de subalimentación, desnutrición y hambre en el país, empieza por reconocer el acceso a la alimentación como una garantía propia de un Estado y una sociedad que aspiran a ser democráticos. La respuesta institucional y social a tales retos tendría el debido sustento si el derecho a a la alimentación adecuada se integra en los acuerdos sociales contenidos en las normas. Así sería más factible que en los programas de gobierno se incorporen en forma apropiada objetivos y metas de nutrición para todos. Como todo derecho, el del acceso digno a la alimentación tiene sentido si adoptamos medidas que hagan más viable su reconocimiento efectivo.

Por lo anterior, es importante entender que la articulación de los sistemas de producción, abastecimiento y consumo de alimentos tendrá que darse de una manera que haga viable brindar a todos un acceso satisfactorio y continuo a una buena dieta alimenticia. En esta perspectiva, conviene destacar que una dieta basada en vegetales tiene diversos efectos positivos en los sentidos señalados. Se justifica por ello un compromiso de otro orden del sector empresarial y de los tomadores de decisión en el sector público frente a las políticas públicas en nutrición, así como un cambio en los hábitos alimenticios de las personas, procurando reorientar los hábitos hacia este tipo de nutrición. Esto lo veremos en próximos escritos.


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