Lo que me hubiera gustado saber

Hace un año y medio, cuando decidí cambiar mi alimentación casi de la noche a la mañana, pensaba y sentía mi decisión de una manera totalmente distinta a como lo hago ahora.

1. La comida es importante, pero no es lo más

Viviendo en una sociedad enferma y a la vez hipocondriaca, uno de mis principales propósitos durante más de un año era tener la salud perfecta por medio de una dieta perfecta. Pero como toda persona que busca información de salud y nutrición sabe, nadie se pone de acuerdo, y en el mundo de lo vegano esto no es menos cierto. Pasé mucho tiempo leyendo distintas posturas y sintiendome paralizada al final del día por encontrarme con conclusiones completamente opuestas, hasta el punto que me cansé de tratar de hacerle caso a todo el mundo. Preocuparse por la salud de uno es elemental y está bien querer hacer las cosas lo más informado posible, pero la salud no depende exclusivamente de lo que comemos, por más que tenga un peso importante. Esta rueda multicolor la tomé del Insitute for Integrative Nutrition para ilustrar que existen otras dimensiones en la vida:

Veo que muchos nos identificamos tanto con sólo una de ellas, que olvidamos las demás. Cuando uno decide hacer un cambio en la alimentación, desde luego que es importante repensar la manera como uno come y prestarle más atención de lo que acostumbrábamos, pero no se puede volver nuestro mundo. No podemos dejar de vernos con nuestros amigos por el miedo a que no haya algo para nosotros ni podemos pasar el día entero metidos en Instagram. La comida es para vivir y para compartir, no para sentirnos culpables y distanciarnos.

2. Lo mejor es irse por lo simple

Se lo digo tanto a los veganos como a sus amigos y familiares: no se compliquen con la cocinada. No hay necesidad de escandalizarse, en realidad no somos tan distintos como creen – comemos pasta y pan (sin lácteos ni huevo), nos gusta la papa, el arroz y el plátano maduro, comemos verdura salteada y verdura cruda, si quieren ser más sofisticados se pueden preparar lentejas, garbanzos, fríjoles o quinua, y si prefieren no gastar mucho tiempo haciendo postres y picadas alternativas, podemos comer fruta y nueces. En pocas palabras: lo que para muchos es un acompañamiento, para nosotros es un plato fuerte.

Yo, igual que la mayoría de la gente, como casi siempre lo mismo, o al menos bastante parecido. Procuro variar los ingredientes para tener una alimentación balanceada y para divertirme con los distintos sabores, pero por lo general incluso la sazón es igual. Viviendo sola aprendí a hacer arroz, papa, pasta, avena y batidos. Casi nunca como tofu y siempre me dio pereza aprender a hacer legumbres, así que esto era lo que comía cuando llegaba a mi casa por las noches: almidón con verdura o fruta. Mucha gente, incluyendo vegetarianos, estarán leyendo esto con desaprobación pensando que es el típico error de los recién veganos comer tanto carbohidrato. A ellos los invito a que vayan a leerse “La Solución del Almidón”, un libro que me ayudó a romper el paradigma de que un plato no está completo si no tiene proteína animal, y que tampoco es sagrado tener que combinar lentejas con arroz en cada comida.

3. Van a tener roces con la gente

Es evidente que los neo-veganos que critican a sus conocidos por comer carne van a tener roces, pero incluso los que no lo hacemos pasaremos por momentos incómodos parecidos. Aún sin entrar en debates de cómo “deberíamos” comer o qué decisiones “deberíamos” tomar, la gente se puede ofender porque implícitamente se está haciendo una crítica a lo que ellos consideran está bien. Alguna gente puede sentir algo de recelo a la hora de cocinarnos porque les da temor hacerlo mal y esforzarse en hacer algo que uno igual no se va a comer después, otros simplemente no quieren pensar en qué tienen que cambiar porque sienten que nuestra actitud rebelde y nuestras exigencias de diva son, más que una convicción, una falta de respeto. A mi también me da miedo y pena cocinarle a la gente porque pienso que no les va a gustar, les va a parecer muy simple o lo van a percibir como comida hippie mamerta, y es algo en lo que he estado trabajando porque, por evitarme estas tensiones y no querer ser un problema para los demás o una mala anfitriona, terminé aislándome en varias ocasiones.

Pero superados los momentos incómodos, la gente cercana eventualmente respeta esa decisión, al igual que uno respeta la de ellos de no tomar la misma. Es muy bonito cuando me dicen que hicieron la sopa con caldo de verduras en vez de gallina para que yo comiera, o cuando me piden la receta de alguna ensalada que preparé. Ultimamente me han sorprendidos con detalles muy lindos, tan sólo la semana pasada tuve tres: una amiga de mi mamá hizo falafel un día que nos invitó a almorzar, un amigo de Frutos Urbanos organizó una comida completamente vegana con frijol refrito y cinco preparaciones de verduras, y en un cumpleaños mi familia hizo una paella de verduras de la cual no quedó rastro. No me importa si me dan lo más simple del mundo, pero cuando hacen un plato pensando en mi, realmente me conmueve y se los agradezco en el corazón.

4. Los chistes son inevitables

Creer que a uno no lo van a molestar es como esperar que nadie se de cuenta que uno se rapó las cejas. Todos nos burlamos de todos, y eso no quiere decir que nos queramos menos ni implica una falta de respeto, es una forma de mostrar afecto y romper la tensión en torno a ciertos temas. Incluso cuando las burlas no son una muestra de cariño sino un intento de humillación, aprendan a reírse con ellos y a seguir con sus vidas. Acostúmbrense a los comentarios como “yo sí quiero comida de verdad” o “esto sabría delicioso con tocineta y mantequilla” y aprendan a identificarse con más que sólo ser “el que jode con la comida.” Se les van a acercar conocidos y desconocidos que probablemente piensan que son los primeros en hacer esos chistes, y en esos momentos quiero que por favor se acuerden que estar a la defensiva no sólo es agotador sino aburridor para todo el mundo. No se tomen tan en serio.

La idea no es crear una comunidad cerrada de veganos en la que sólo nos relacionamos con gente que come igual, sino poder ir a reuniones familiares o de amigos y pasarla bien. Mis tíos ahora me dicen que soy su “vegana favorita” (también la única que conocen) y me ofrecen aromáticas de chicharrón. Hasta hace poco solía ofenderme con cualquier tipo de chiste relacionado a la comida, hasta que me di cuenta que yo hago lo mismo con otras personas; confieso que me tomó 24 años darme cuenta que soy igual de sarcástica que mi familia – y me encanta. Mi punto es que a todo el mundo le gusta molestar, al diferente y al semejante, y esto seguirá pasando así uno se ponga bravo. Aprendan a vivir con eso, acepten que hay uno que otro chiste bueno, o si quieren explíquenles por qué es tan importante para ustedes comer así y déjenles claro, de la manera más respetuosa, si realmente les molesta algo.

5. Mucha gente está genuinamente interesada por su cambio

Si bien habrá los que piensan que uno es un fanático y que ya se le pasará la fiebre en unos años (ojalá no muchos), hay otros que piensan que es una decisión muy bonita. Alguna gente se me acerca a decirme que quieren aprender recetas porque la comida se ve deliciosa o porque han notado que ciertas cosas les caen mal, entre ellas una señora que conocí hace un tiempo que me decía que le encantaba comer conmigo porque se sentía más saludable. Muchos me preguntan con curiosidad si me he sentido diferente, si es muy difícil, si me hace falta algo y cómo hago en ciertas situaciones. Mi papá empezó a comer diferente desde este año y cada vez me pasa más que cuando hablo con alguien, me dice que está dejando las carnes rojas o que le está bajando a los lácteos. Básicamente lo que siento es que se alegran por mi porque me ven feliz, y eso es lo más importante de cualquier cambio que uno haga por uno mismo.

6. Uno no es el único raro

No todo el mundo se vuelve raro cuando se hace vegano, pero muchos lo harán: empiezan a ir a tiendas naturistas, evitan las bolsas de plástico como la plaga, van a encuentros en parques y a festivales de comida, leen los ingredientes antes de comprar cualquier cosa, se emocionan cuando ven acelga multicolor y pasan horas en internet buscando información. Pero no están solos en esto, de hecho ni siquiera es exclusivo de los veganos. Dentro de poco estarán conociendo gente nueva con intereses y valores similares, puede ser por Internet o, en la medida que hagan el esfuerzo de salir de su casa, en la vida real. Lo bueno de tener amigos veganos y vegetarianos es que se pueden hablar de temas que aburrirían a los demás, mientras almuerzan en un restaurante al que ambos quieren ir. Estamos regados por todas partes, pero de alguna manera podemos ponernos en contacto.

Eso es todo, seis simples aprendizajes que me hubieran ahorrado uno que otro momento de sufrimiento innecesario. Espero que a alguien le sirva de algo y que ese alguien y todos los demás tengan un buen día. ¿Qué les hubiera gustado saber a ustedes?


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